
🌞🌈 Durante muchos años estuve en la sanidad privada por mi trabajo. No fue una decisión política ni ideológica, simplemente era lo que venía dado. Cuando llegó el cáncer, decidí pasarme a la sanidad pública confiando en un sistema que se presenta como uno de los grandes pilares de nuestro país.
Y este último año la he conocido de verdad.
Muy de cerca.
En solo un año he pasado por siete oncólogos diferentes.
Siete personas distintas para un mismo cuerpo.
Siete miradas nuevas.
Siete veces empezar desde cero.
Siete maneras distintas de transmitir.
Mi cuerpo ya no es un cuerpo “estándar”.
Es un cuerpo con un historial, con un proceso oncológico complejo, con tratamientos acumulados, con efectos secundarios, con miedos y con decisiones importantes que necesitan continuidad.
La propia experiencia y lo que muchos profesionales defienden, señala que la continuidad del médico es clave en tratamientos largos y complejos como el cáncer de mama: mejora la confianza, reduce errores de comunicación y aporta seguridad al paciente.
Y sin embargo, la realidad ha sido otra.
He tenido que contar mi historia una y otra vez.
Explicar los mismos síntomas.
Aclarar decisiones ya tomadas.
Corregir malentendidos.
Vivir olvidos y fallos de comunicación entre profesionales.
Incluso he sido tratada por un oncólogo que no era especialista en cáncer de mama, cuando este tipo de cáncer requiere una atención muy concreta y especializada.
No escribo esto para señalar a los médicos.
Todo lo contrario.
He conocido profesionales humanos, implicados y comprometidos, haciendo lo mejor que pueden dentro de un sistema que muchas veces no les permite hacerlo mejor. Un sistema basado en contratos temporales, rotación constante y falta de estabilidad.
Cuando los contratos son breves y los profesionales cambian continuamente, la continuidad asistencial se rompe. Y eso no es solo un problema laboral: es un problema humano y sanitario.
Porque cuando el médico cambia cada poco tiempo, la relación se resiente.
La confianza se rompe.
Y la sensación de ser una persona se diluye para convertirse en un expediente.
Por eso esta entrada es también una especie de carta abierta.
A los directores de hospitales y gerencias sanitarias.
A las consejerías de salud y responsables de contratación pública.
A quienes establecen las políticas laborales de los profesionales de la salud.
Cuidar a los médicos es cuidar a los pacientes.
Dar estabilidad laboral es dar seguridad clínica.
Permitir continuidad es permitir procesos más humanos.
No escribo desde el enfado.
Escribo desde el cansancio.
Desde el agotamiento de sostener una enfermedad mientras sostengo también las grietas del sistema.
La sanidad pública salva vidas, sí.
Pero también necesita cuidarse por dentro.
Porque ningún cuerpo enfermo debería sentirse un número que cambia de manos cada mes.
Y porque ningún profesional debería trabajar sin la estabilidad necesaria para acompañar de verdad.
En España, alrededor del 36 % de los médicos en la sanidad pública tienen contratos temporales, muchos encadenando varios contratos al año sin conseguir estabilidad. (elconfidencial.com)
La inestabilidad laboral es una de las principales causas de burnout, abandono del sistema público y emigración médica.
En procesos oncológicos, la evidencia y las recomendaciones sanitarias destacan la importancia de la continuidad del equipo médico para reducir errores, mejorar la comunicación y aumentar la seguridad del paciente.
Estos datos no buscan culpables individuales.
Señalan un problema estructural.
Y sus consecuencias las pagamos quienes enfermamos.🌞🌈
LA VIDA
When the System Fails to Support
🌞🌈 For many years, I was in private healthcare because of my job. It wasn’t a political or ideological decision; it was simply what I had. When cancer came into my life, I decided to switch to public healthcare, trusting a system that presents itself as one of the pillars of our country.
And this past year, I have really gotten to know it. Up close.
In just one year, I have seen seven different oncologists. Seven different people for the same body. Seven new perspectives. Seven times starting from scratch.
My body is no longer a “standard” body. It is a body with a history, a complex oncological process, accumulated treatments, side effects, fears, and important decisions that require continuity.
Experience and what many professionals advocate. shows that continuity of care is key in long and complex treatments like breast cancer: it builds trust, reduces communication errors, and provides patient safety.
Yet the reality has been different.
I have had to tell my story over and over again. Explain the same symptoms. Clarify decisions already made. Correct misunderstandings. Endure oversights and communication failures among professionals.
I have even been treated by an oncologist who was not a breast cancer specialist, when this type of cancer requires very specific and specialized care.
I am not writing this to blame the doctors. Quite the opposite.
I have met committed, human professionals doing the best they can within a system that often does not allow them to do better. A system based on temporary contracts, constant rotation, and lack of stability.
When contracts are short and professionals constantly change, continuity of care is broken. And this is not just a labor issue; it is a human and healthcare issue.
When a doctor changes frequently, the relationship suffers. Trust breaks. And the sense of being a person dissolves into a file.
That is why this entry is also a kind of open letter.
To hospital directors and healthcare management. To the health ministries and public hiring authorities. To those who set labor policies for healthcare professionals.
Caring for doctors is caring for patients. Providing job stability is providing clinical safety. Ensuring continuity is allowing more humane processes.
I do not write out of anger. I write from exhaustion. From the fatigue of bearing a disease while also holding up the cracks of the system.
Public healthcare saves lives, yes. But it also needs care from within.
No sick body should feel like a number that changes hands every month. And no professional should work without the stability necessary to truly accompany patients.
- In Spain, around 36% of doctors in public healthcare have temporary contracts, many chaining several contracts a year without achieving stability. (elconfidencial.com)
- Job instability is a leading cause of burnout, leaving the public system, and medical emigration.
- In oncology, evidence and health recommendations highlight that continuity of the medical team is vital to reduce errors, improve communication, and ensure patient safety.
These data do not point to individual blame. They highlight a structural problem. And the consequences are paid by those of us who get sick.🌞🌈
LIFE